Reivindicar el autocaravanismo

Se han recorrido vías diferentes, la política, la movilización o el diálogo como para sacar conclusiones en relación a los avances reales.

Las conclusiones válidas que podamos extraer son necesarias de cara a utilizar en el futuro los escasos recursos de que dispone el colectivo.

La única vía que ha producido resultados tangibles es la de promover la creación de infraestructura. En la actualidad existen más de un centenar de áreas para autocaravanas de iniciativa pública. Al margen de la polémica que suscitan de forma artificial sus detractores, lo cierto es que estas áreas, además de facilitar la pernocta, proporcionan los recursos indispensables para viajar.

La mayoría de las áreas han sido promovidas por iniciativa de asociaciones que han generado documentos y experiencia para apoyar su creación. La pionera en esta vía ha sido, sin duda, la Plataforma Autónoma de Autocaravanas (PACA).

La segunda vía ha sido el diálogo con la administración entablado por las asociaciones. Las conversaciones con diferente administraciones está salpicado de fracasos pero también de pequeños logros. Tanto los logros como los fracasos se deben valorar de forma objetiva con el fin de acumular experiencia de cara a futuras negociaciones ya que es una vía que nunca debe darse por agotada y que tampoco ha sido recorrida en toda su extensión

Los logros son pocos aunque algunos importantes, entre ellos la Ley de Turismo del Gobierno Vasco que es el primer texto legal en todo el Estado Español que reconoce el turismo en autocaravana como un forma diferenciada de los camping.

Esta vía la deben recorrer las asociaciones unidas por los objetivos ya que en una negociación es importante evitar interferencias y estar respaldadas por una masa social representada lo más numerosa posible.

La vía política ha generado un resultado cuyo principal valor es simbólico. La Moción aprobada en el Senado en 2006 no ha respondido en absoluto a las expectativas generadas. Su mayor logro fue la Mesa GT53, de autocaravanas que fue desperdiciada absolutamente por la intervención de la entonces senadora doña Ana M. Chacón mal asesorada por Pedro Ansorena “Piter” que por su afán de acaparar méritos se ocupó más de apartar la intervención de personas mejor preparadas que él que de aportar avances reales.

De esta forma se desaprovechó la presencia en la Mesa de representantes del Ministerio de Medio Ambiente, de la Guardia Civil (SEPRONA) y de la FEMP.

Los únicos productos de la Mesa GT53, fueron la ITC 08/V-74, importante para los autocaravanistas únicamente como vehículo pero inútil en el ámbito de la acampada cuya normativa se aplica a los pasajeros que permanecen en el interior de una autocaravana estacionada. El otro producto, el Manual de Movilidad, es únicamente un pálido reflejo de la ITC, plagado de errores y sin ningún valor. En suma, una oportunidad más perdida y un gasto del dinero público inútil.

A fecha de hoy, cuatro años y medio más tarde, la vía política no ha aportado absolutamente ningún avance real a pesar de las expectativas que crearon sus promotores. Principalmente a causa de la actitud de quien acaparó para sí, e hizo mal uso, del control de los activos generados por la moción.

La vía jurídica hasta el momento no ha generado avances reales. Las resoluciones de diferentes Defensores del Pueblo favorecen nuestras tesis, sin embargo, estas resoluciones no son ejecutivas.

Los recursos contenciosos contra la normativa sobre acampada que nos afecta has sido saldados con fracasos. En el ámbito de los recursos interpuestos ante expedientes incoados por acampar se pueden contar algunos éxitos aunque los fracasos son más numerosos.

El histórico de los recursos se completan con siete sentencias conocidas de los Tribunales de lo Contencioso que fallan desestimando los recursos contra expedientes incoados por acampada ilegal a los pasajeros que pernoctan en el interior de una autocaravana estacionada.

Sin embargo esta vía ha sido emprendida con muy pocos medios y sin un asesoramiento legal serio. En este momento disponemos de mucha más experiencia y de nuevos argumentos para enfrentarnos a disposiciones arbitrarias y lesivas de algunas administraciones. Necesitamos, de cara al futuro, generar recursos suficientes como para enfrentarnos con más éxito en la vía jurídica.

Nuestro problema de base es legal y la única vía real para enfrentarnos es la legal si estamos convencidos realmente de que tenemos razón. Si tenemos razones o derechos ésta es nuestra única fuerza y no podemos renunciar a la única vía que se basa en nuestra razón, en nuestra fuerza.

Por último tenemos la movilización. Hemos acumulada la experiencia de cuatro marchas consumadas como para evaluar las posibilidades de esta vía.

La primera marcha en Asturias no sirvió absolutamente para nada. La posición de la Dirección de Turismo del Principado es la misma que antes de la marcha y, naturalmente, también de las conversaciones mantenidas con las asociaciones.

El fracaso no es achacable ni a la marcha ni a las asociaciones, la única responsabilidad es la decisión política de la Consejería del Principado de mantener una forma de entender el turismo en autocaravana a pesar de las reclamaciones de sus usuarios.

Las marchas en Andalucía mucho mejor organizadas produjeron algunos avances en poblaciones que no disponían de Ordenanzas Municipales lesivas. Sin embargo éstas marchas no han servido para que las poblaciones hostiles, tales como Motril, Conil, Salobreña, etc se retracten una coma en los textos que nos impiden pernoctar en estas poblaciones.

Por último la marcha a Madrid programada durante diez meses se ha saldado con un fracaso rotundo de asistencia y, como estaba previsto, con un resultado nulo de cara a producir algún avance.

La conclusión que podemos extraer de los datos expuestos de forma global es que el colectivo autocaravanista debe replantearse su estrategia reivindicativa en la que no puede ser suficiente actuar sobre una sola vía.

El colectivo debe abandonar el tutelaje a que se ha sometido en el pasado a los políticos o a los caudillos y trabajar de forma colectiva razonando y poniéndose de acuerdo sobre las causas reales las vías reivindicativas, los métodos, objetivos y argumentos.

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