Manual de estilo para periodistas aficionados.

Muchas veces los autocaravanistas leemos con legítima indignación cómo implican a todo un colectivo en unas prácticas que pueden constituir una infracción administrativa sancionada económicamente. El resultado en algunas localidades es que acaban pagando justos por pecadores produciéndose prohibiciones generalizadas que afectan también a la práctica legal y responsable del autocaravanismo.

De un tiempo a esta parte las notas de prensa que nos afectan se ven contestadas, unas veces mediante comentarios en los propios artículos, otras en notas de réplica. Sin embargo, algunos de los comentarios hacen sentir vergüenza ajena pues están plagados de insultos personales así como algunas notas de protesta que ponen en duda la profesionalidad del periodista.

Una mala práctica denunciable es echar más leña al fuego. Ningún profano puede cuestionar la profesionalidad de un periodista por muy injusto que nos parezca lo que publica pues se limita a reflejar en su trabajo lo que su interlocutor le está informando. No puede cuestionar si las conclusiones a las que llega su entrevistado son ciertas o no, el periodista las refleja y se debe limitar a la comprobación de los hechos que le relatan. La acampada ilegal, incluso la acampada salvaje que denuncian la mayoría de las notas existe y es constatable.

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