Delta del l’Ebre

La riqueza biológica contrasta con la intervención del hombre que ha humanizado el territorio dedicándolo a la agricultura en gran parte. La creación en el año de 1983 del Parque Natural del Delta de l’Ebre trata de armonizar los valores naturales de la zona y la actividad económica de sus habitantes.

Las características del terreno, el clima, su paisaje y la diversidad biológica le convierten en un destino privilegiado para el turista amante de la naturaleza. Si este turista utiliza la autocaravana como medio de transporte y alojamiento dispone de mayores oportunidades para disfrutar de un viaje inolvidable practicando una forma de turismo sostenible si, además, se respetan todas las limitaciones inherentes a un parque natural protegido.

Este relato resume nuestra actividad durante la semana de estancia en el Delta. La base de pernocta la situamos en Sant Carles de la Rápita aunque hay muchos otros lugares donde es posible la pernocta, sobre todo en otoño, invierno y primavera.

La mayor parte de la superficie del Delta está dedicada al cultivo del arroz, por este motivo el paisaje, plano como la palma de la mano, cambia de aspecto y de color a lo largo del ciclo del cultivo. En invierno, durante nuestra visita, los campos estaban inundados o con los restos de la siega entre los que predominaban los colores verde y ocre.

Los campos inundados y las lagunas acogen numerosas aves que pasan el invierno en la zona, se cuentan más de 350 especies, anátidas, ardeidas, limícolas, rapaces y fumarales, de las que las más llamativas son los flamencos y las garzas reales.

La llanura del terreno, los caminos para bicicletas y las carreteras con pocos obstáculos y una circulación razonable, así como los parajes protegidos, hacen del territorio un lugar ideal para el senderismo, la bicicleta en contacto con la naturaleza.