La costa de Gipuzkoa.

Hondarribia.-

Parking de la playa de Hondarribia (Salida sidrera club Sorbeltz de 2010)

Dispone de un amplio aparcamiento en la playa que ha sido utilizado por centenares de autocaravanas. Disfruta de una demanda muy intensa de turismo y no es raro ver en verano a diario decenas de autocaravanas en el parking. (43º22’43,83’’N / 1º47’51,80’’W)

En Hondarribia se repite la historia de siempre: la presencia de numerosas autocaravanas junto con los abusos de algunos usuarios y el desconocimiento de los vecinos y de las autoridades locales del turismo en autocaravana, de las características de nuestros vehículos y hasta diferenciar nuestra actividad del nomadismo, propician frecuentes quejas de los vecinos que se traducen en medidas que tienden a disuadir indiscriminadamente el uso de los estacionamientos públicos por los autocaravanistas.

Esta es la consecuencia previsible de unos políticos de corto recorrido que no son capaces de encontrar salidas creativas y ceden a la presión irrazonada de quienes solo ven en las autocaravanas unos grandes cubos blancos.

De esta forma, el ayuntamiento de Hondarribia ha aprobado en un Pleno una tarifa de estacionamiento que se mantiene 24 horas sobre 24 y cuyo costo elevará a 24 euros por un día de uso del parking de la playa durante el verano, a menos que los políticos se decidan a hacer política inteligente, cosa harto difícil.

Desde el club Sorbeltz se ha tratado de convencer a los responsables del Ayuntamiento de que estas medidas, que aunque en principio son legales, tienen por objeto disuadir del uso del parking a los vehículos utilizados como vivienda discriminando a los ciudadanos que hemos optado por esta forma de viajar y que al amparo de las leyes de tráfico van a utilizar el parking de la playa durante el día y las plazas libres en la población para estacionar durante la noche, originando más movimientos de vehículos y más molestias al tráfico en las calles.

No sabemos si serán tenidos en cuenta los argumentos que hemos planteado en el ayuntamiento pero cabe la posibilidad de que el costo del estacionamiento en el parking de la playa sea en el año 2010 de 24 euros.

Se ha barajado la posibilidad de crear un área y, de momento parece difícil por la carencia de terrenos adecuados a pesar de que el lugar apropiado debería ser un espacio delimitado en un rincón del propio parking.

Nos quedará siempre la posibilidad de estacionar durante el día en el parking de la playa (8 euros) y pernoctar en otros lugares gratuitos en la misma población o en la periferia, entre ellos en las inmediaciones de Guadalupe en el monte Jaizkibel. (43º22’05,36’’N/1º49’16,50’’W)

Lo que no cabe duda es que la población atesora alicientes que la convierten en un destino apetecible para un turista. El centro de la villa está declarado como conjunto histórico monumental, conserva puertas, murallas y baluartes y contiene numerosos edificios de interés artístico e histórico.

Destacan entre ellos el Castillo (Parador Nacional), una fortaleza rectangular de la edad media ampliada por Carlos V y la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción y del Manzano, de estilo gótico con añadidos renacentistas y una asombrosa torre barroca, situada en el centro de la villa.

Junto a la bien conservada villa medieval, Hondarribia dispone de unas vistas excelentes sobre la desembocadura del río Bidasoa desde el paseo Butrón, si el observador se sitúa de espaldas al complejo infame de cemento que constituyen los apartamentos de Iterlimen, producto de la especulación. En el barrio portuario se mantiene un ambiente animado con una abundante y variada oferta de restauración, bares y pastelerías con excelentes productos artesanales.

Los alrededores de Hondarribia también tienen un interés especial que justifica la visita. Entre ellos destacan las marismas de Txingudi y Jaizubia, uno de los humedales más extensos del País Vasco, en cuyo interior se ha creado el Parque Ecológico de Plaiaundi.

El cabo Higuer con dos miradores sobre la costa Labortana. El fuerte de Guadalupe en el monte Jaizkibel junto a las ruinas del castillo de San Telmo, testigos mudos de la importancia militar de la zona fronteriza, y al lado, el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.