Por el noroeste de la península en autocaravana

Bragança (Portugal, 19.06.2011)

Castillo de Braganza desde el área

Salimos hacia Portugal por la carretera OU-312, que enlaza en la Portela d’Home, frontera, con la N-308.1 portuguesa en el Parque Natural de Peneda Gerès. Es necesario pagar en Portugal una tasa de 1,50€ y atravesar algo más de veinte kilómetros de carretera estrecha, revirada y sorteando las ramas de los robles que desde ambos lados llegan hasta el centro con una circulación endiablada de fin de semana.

Castillo de Pobla de Sanabria

La carretera atraviesa el PN de Peneda Gerès hasta pasar la Albufeira da Caniçada, donde la adrenalina se situó en los niveles normales, no sin antes escuchar el sonido de la chapa de un par de turismos que se alcanzaron por detrás de nuestro vehículo, y enlazar la carretera que nos llevaría a Bragança.

El área de Bragança es excelente, nuestros hermanos portugueses saben hacer las cosas. Un área de servicios cómoda y bien diseñada y un espacio reservado para autocaravanas que estaba lleno cuando llegamos. Ocupamos un lugar en una de las terrazas que dispone el parking al pié de castillo y nos dedicamos a la lectura y a ver alguna película.

A la maña siguiente salimos a pasear por el bonito castillo, que visitamos, así como el Domus Municipalis de S.XII.

Pobla de Sanabria (20.06.2011)

Lago de Sanabria

Fuimos directamente al parque natural Lago de Sanabria donde comimos y paseamos, cerca de la población de Ribadelago donde nos dejaron bien claro que estaba prohibido pernoctar y que la GC denunciaba por acampar. Como no encontramos en Ribadelago un buen lugar para hacerlo auque nos informaron que en la población era posible hacerlo sin ser denunciados, decidimos salir para pernoctar en Pobla de Sanabria.

Después de buscar entre las calles de las afueras, decidimos pernoctar en el parking de la estación de ferrocarriles (42.0507,-6.6352). No pudimos encontrar a nadie para

Un rincón en Pobla de Sanabria

pedir permiso y nos quedamos en la duda de si vendría alguien a echarnos. Dormimos bien mientras no pasaron los dos o tres trenes nocturnos que meten un ruido impresionante al parar y arrancar pero, seguros. Hay otros lugares adecuados para pernoctar en la orilla del río.

A la mañana siguiente vistamos la población. Para nosotros, que no la conocíamos, fue una grata experiencia. Una población llena de rincones pintorescos y con unos edificios de arquitectura rural perfectamente rehabilitados, al final la cámara de fotos echaba humo. Aprovechamos para reponer nuestras reservas de alubias.

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