Alemania y Polonia

Unos inmensos jardines

03.05.2007. El área ha resultado ser excesivamente ruidosa, al pié de las vías del tren, en un estacionamiento en el que aparcan los coches de los asistentes a una discoteca que está abierta hasta las seis de la mañana, las voces y el ruido de la música (o lo que sea) de la discoteca es muy poco alemán, a pesar de ello descansamos lo suficiente. Recomendamos utilizar el parking “Talavera” en la otra orilla del río, parece mas tranquilo.

A bordo de las bicicletas recorremos la Altstadt, el puente medieval, la fortaleza Festung Marienberg y las iglesias Neumünster y la Dom St. Kilian. Esta iglesia totalmente reconstruida a partir de las ruinas ocasionadas por las bombas de la segunda guerra, expone varios estilos desde el románico con una nave central desnuda y en penumbra hasta un coro lleno de luz y ornado con elementos modernos. El órgano es fabuloso y podemos comprobar que el organista es un maestro.

La Resident nos ha impresionado y recorremos en las bicicletas los inmensos jardines del palacio barroco diseñado por Neuman. Wüzburg es una ciudad que nos ha entusiasmado con un ambiente extraordinario, la MarkPlatz se llena de pequeños establecimientos de comida. Despachamos medio metro de salchicha con una jarra de un excelente vino local blanco afrutado.

Retomamos la carretera sin el TomTom para evitar las vías rápidas y llegar a Heidelberg a media tarde. Las plazas de estacionamiento de los jardines de la rivera del río Neckar están abarrotadas y debemos estacionar en un parking gratuito cercano en 49º24.858’N/8º40.537’E. Un largo paseo por la orilla donde grupos de personas hacen barbacoas, juegan al fútbol, toman el sol o pasean a pié o en bicicleta nos pone en disposición de descanso.

04.06.2007. Salimos temprano con las bicicletas para visitar Heilderberg, un agradable paseo por la orilla del Neckar y tras vadearlo por el puente medieval nos dirigimos a la Markplatz no sin antes pasar la mano por un espejo que sostiene la estatua de un mono situado a la entrada del puente, con la esperanza que nos traiga riqueza según las tradiciones locales. Nos abstenemos de pasar la mano por unos ratones, también de bronce, que acompañan al mono pues no deseamos tener muchos mas hijos.

A medida que nos acercamos a la ciudad se concreta la imponente mole del castillo. Por ocho euros tomamos dos tickets para subir hasta el castillo en un moderno funicular que parte desde el norte de la Altstadt. El castillo en ruinas, los jardines, su entorno y la panorámica de la ciudad que se divisa desde el castillo son impresionantes. La visita se complementa con la Markplatz, la universidad y la Dom, después de una breve compra y resguardarnos de un chaparrón regresamos a la autocaravana.

Nada más comer emprendemos el camino hasta Maulbronn. Estacionamos en un parking a la entrada de la carretera que conduce al monasterio (48º59.940’N/8º48.326’E).